jueves, 21 de febrero de 2013

Cuevas Oscuras y Desertores

El Arrasador se encontraba descansando en el templo del que Cuida.

Numerosas heridas cubrían su cuerpo, desde los arañazos sufridos peleando con los goblins, pasando por las fuertes contusiones cuando aquel techo se les cayó encima llevándose consigo a Carrie, y no menos las heridas que le habían hecho aquellos desertores.

No hacía ni dos días que habían llegado a Sobakaseta, coincidiendo con las fiestas locales. En la caravana había conocido a Carrie, una exploradora pelirroja que no daba buenas sensaciones, al cobarde clérigo de la Gran Cazadora, Ed, y a Tito, un mago que siempre hablaba a gritos y no paraba de hacer preguntas incomodas.

Desconocía por qué, pero cuando los conoció supo que su momento había llegado. Junto con él, uno de los mejores guerreros de Kálamar, se labrarían un destino y los bardos cantarían historias sobre él cuando llevase siglos muerto.

Cuando entraron en la ciudad vieron que se andaba preparando para la feria, y en el centro de la embarrada plaza había un tablón lleno de papeles escritos. Tito, que sabía leer, buscó entre ellos encontrando una oferta de trabajo. Parecía que un botánico de la ciudad buscaba aventureros.

Viendo una posada cerca, la Jarra Rebosante, se acercaron a tantear el terreno. Por poco no los echan cuando el primer comentario de Tito fue al respecto de una fea verruga el camarero, pero unas monedas de cobre le aplacaron y le soltaron la lengua.

Les contó que unos hombres armados que había borrachos en una mesa eran Janker y sus hombres, Espolones, miembros de una compañía mercenaria, antiguos nobles venidos a menos.

Cuando se iban para ver al boticario, Janker los llamó. Parece ser que andaban detrás del Mulo, un desertor de su compañía. Tras unas cuantas preguntas les indico que había aparecido un campesino muerto cerca de las colinas al sur, por lo que debería andar por la zona. Les ofreció una recompensa de 25 monedas de plata por su cabeza. Aceptaron, aunque antes tenían que asegurarse que no hacían nada ilegal.

El boticario fue rápido. El hombre vivía rodeado de perros de guerra, y parece ser que necesitaba unas setas de una antigua mina cercana, ofrecía una moneda de plata por cada uno que les consiguiesen.

Pasaron la noche en una casa, a la cual les dijeron que no volviesen tras las impertinencias de Tito, y se dispusieron a ir hacia la mina  a unas pocas horas de la ciudad. No sin antes enterarse de que efectivamente, la cabeza del Mulo tenía un precio.

La mina fue un infierno. Carrie y Ed cazaron un conejo pero una vez llegaron a la mina la cosa se torció. En la oscuridad y en los enrevesados caminos cayeron presa de decenas de goblins (en realidad media docena, pero en la cabeza del Arrasador todo era mas grande) y sus perros. Les atacaban con sus ballestas desde la oscuridad y huían, conduciéndolos a peligrosas trampas, y fue en una de estas cuando el techo se les vino encima matando a Carrie. Salieron de allí, ya tenían bastantes setas y algo de botín robado a los goblins. El Arrasador cargó con el cuerpo de la exploradora y le dieron sepultura cerca de la madriguera de conejo. No sin antes repartirse algunas de sus pertenencias, aunque la enterraron con el arco.

Cansados y heridos volvieron a la Jarra, donde el camarero les invito a unas jarras y algo de comer cuando s enteró de la muerte de su compañera. Todo el mundo parecía muy extrañado de ver goblins fuera de las montañas.

Al día siguiente, tras cobrar las setas, se dirigieron al templo del que Cuida, y unas donaciones después se encontraban en mejores condiciones gracias a la magia del Dios, aunque sus heridas seguían siendo profundas. En casa del botánico conocieron al halfling Cerrojos que se unió al grupo. Y con fuerzas renovadas se dirigieron a dar caza al Mulo.

No tardaron con dar con él. El hilo de humo de su hoguera delató rápidamente la  posición de su campamento. El halfling se acercó a explorar y en poco estaba gritando, le habían descubierto.

Resultó que el Mulo no estaba solo, iba acompañado de dos diestros soldados curtidos en mil batallas (simples desertores de tres al cuarto) y un poderoso sabueso de combate Fhokki (en realidad un chucho de caza) y el mismo mulo era un poderoso Berserker (esto si que es verdad).

Pero no pudieron hacer nada contra él y sus compañeros. La lucha fue cruenta pero salieron vencedores, dándole la última puñalada al Mulo, Tito, ya descargado de magia por completo. Aunque cuando disfrutaban del botín bebiéndose el vino de los desertores, algo se rompió dentro de el Arrasador, de pronto se notaba vació... una herida que solo poniéndose a prueba podría sanar. Los dioses ya no miraban por el Arrasador.

Cuando llegaron a la ciudad vendieron los despojos, quedándose él con una armadura de cuero tachonado que le quedaba bien y un escudo mas grande y recio que su antiguo escudo.

Junto con el halfling (que contuvo el solito al Mulo durante casi dos minutos de cruenta batalla, no sin sufrir heridas de gravedad) se dirigió al templo del que Cuida para recuperar fuerzas, quién sabe que otras aventuras les esperaban, y le tenía ganas a esos goblins.

El Arrasador, es mi nuevo personaje de HackMaster, un amigo anda dirigiéndonos en el pueblo y tenía muchísimas ganas de jugar a este juego, no solo dirigirlo. Tiene exceso de confianza y es un fanfarrón, de ahí el estilo del texto. Al final de la sesión tuve que quemar casi todo mi honor para salir con vida (me hicieron un crítico y yo saque un 1 en la defensa, de ahí el vació que siente). Espero que el personaje dé para contar muchas más historias. ¡Este viernes volvemos a la carga!

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